jueves, 2 de abril de 2020

Un día el gigante Momotombo llevó a su pequeño hijo a bañar a orillas de un gran lago de agua cristalina. A Momotombito que era el nombre del pequeño, le gustaba bañar en aquel lago porque en sus aguas nadaban peces y cocodrilos con los que podía jugar. Un día, cuando Momotombito estaba un poco más grande, su padre le dijo que le contaría unos cuentos que le iban a gustar. El pequeño gigante se puso ansioso por escuchar la historia que contaría su padre, "a ver Momotombito, sentate en la orilla que te voy a contar un cuento". Momotombito empezó a chapalear de alegría, ansioso de escuchar los cuentos que le contaría su papa.

Los cuentos de Momotombo


Los volcanes 

Dicen los ancianos que hace mucho tiempo, nuestros volcanes fueron gigantes colosales que  cuando caminaban, hacían temblar la tierra y todo lo que había en ella. Con cada paso de los colosos, los árboles se mecían, las aguas se jamaqueaban y las piedras se movían de su lugar.

Los gigantes eran guerreros. Su fuerza descomunal y su tamaño no se comparaban con nada. Su cuerpo estaba hecho de piedra y contaban con un arma poderosa en su interior; de sus manos brotaba fuego que podían lanzar. Ellos estaban encargados de proteger la tierra en la que se encontraban y todo lo que habitaba en ella.

Un día, los gigantes del mar que estaba en el oeste se reunieron para conversar, pues aquella tierra joven era muy codiciada por ellos, porque en tiempos remotos, esa tierra, había estado bajo las aguas.

Pero el día que se reunieron para planear como invadirían esa tierra, una gaviota hambrienta que volaba sobre el mar buscando comida, vio un grupo de peces nadando muy cerca de los gigantes. Debido al hambre de la pequeña ave, que hasta le hacia que le sonara la barriga, el grupo de peces le parecieron apetitosos y se arriesgó a atrapar uno.

Los gigantes del mar estaban reunidos planeando como robarían aquella tierra donde ya vivían animales de todas formas y colores; animales que volaban, otros que nadaban en los ríos y los lagos. Animales que hacían sus casas en la tierra y otros que se mecían en los árboles.

La gaviota se zambulló en el mar para sacar al menos un pececito. Los gigantes la vieron pero no prestaron atención al animalito, que para ellos era diminuto e inofensivo. La gaviota entró en el agua y al salir con su presa en el pico, escuchó lo que los gigantes hablaban:

Ah llegado el momento, vamos a conquistar aquella tierra. Sí, dijo otro de ellos, desde hace mucho que la queremos y ahora va a ser nuestra.

La pequeña gaviota se asustó al escuchar a los gigantes, soltó el pez que había atrapado y salió volando con dirección a tierra firme para avisar a los gigantes de fuego. Aleteaba sus alas blancas con toda su energía, pues la noticia lo preocupó mucho.

No puede ser, pensó la gaviota, si los gigantes de agua se apoderan de la tierra, no habrá lugar donde hacer nuestros nidos, ni poner nuestros huevos. Tampoco los otros animales podrán vivir. Tengo que avisarle a los volcanes de esto.

Los volcanes habían sido nombrados como guardianes, para custodiar la tierra donde se encontraban, por eso, cuando había alguna amenaza con la que los animales no pudieran lidiar, avisaban a los volcanes. Esta vez, la amenaza eran los gigantes de agua, que querían para ellos las tierras que conectaban el continente del norte con el del del sur.

La pequeña gaviota llegó donde uno de los gigantes, Cosigüina. El volcán estaba sentado sobre una península soleada, desde donde podía divisar los mares y las tierras que la rodeaban. La pequeña ave marina se acercó a la oreja del gigante y le contó lo que había escuchado.

Cosigüina al escuchar la noticia de la pequeña ave, se sorprendió y supo que debía avisar a sus hermanos que estaban tierra adentro. 

os gigantes no podían permitirlo, por ello se reunieron para planear cómo impedirían el avance de las aguas del mar.

Decidieron dividirse en grupos para frenar el avance de los mares por las costas del oeste. Por ello, emprendieron una gran caminata hacia el mar.

Los gigantes se quedaron en la orilla esperando que las grandes olas se acercaran y cuando lo hicieron resistieron con sus grandes brazos haciendo que retrocediera con el fuego que lanzaban.

El mar no pudo contra ellos, porque estaban decididos a proteger la tierra verde que cuidaban. La fuerza de los gigantes y su espíritu de fuego, hizo que las aguas del mar desistieran en tomar la tierra que no les pertenecía y estas retrocedieron y volvieron a su lugar.

Agotados por la lucha regresaron tierra adentro y se sentaron para descansar. Al haber cumplido con su tarea y muy cansados se convirtieron en volcanes, de esa manera podían descansar tranquilos, vigilando el mar de cerca y evitando que este no cruzara al otro lado de nuevo.

Y fue así como nació en Nicaragua La Cordillera de lo Maribios, el volcán Cosigüina que vigila como un faro el Golfo de Fonseca, al igual que el Momotombo, gigante ronco y sonoro, el Mombacho, Masaya y los volcanes gemelo de Ometepe, el Concepción y el Maderas, quienes reposan y rugen de vez en cuando.


Los guardianes del lago

Antes de que lo hombres y mujeres de maíz caminaran por la tierra hubo una gran lluvia que llenó dos huecos que estaban en el centro de ella. Esos huecos de inmediato se convirtieron en lagos de agua dulce llenos de peces y agua fresca.

Uno de los lagos era más grande que el otro. Por ello en él habitaban animales más grandes como tiburones, cocodrilos, peces espada y las pacíficas vaquitas de agua. El lugar era tan bonito que los dioses gustaban visitarlo para descansar.

Pero no solo ellos lo hacían. En el norte de esos lagos, habitan los gigantes de piedra y mármol que llegaban a tomar del agua dulce de los lagos y, tomaban tanto, que los lagos se estaban secando. Al ver los dioses que esto no era bueno y que los pequeños animales se quedarían sin agua que tomar mandaron guardianes para proteger esas aguas.

Para cuidar el lago más pequeño se ofreció el dios Xolot, que transformado en un fiero can, mantenía a ralla a los gigantes de esa zona. Con su gran olfato los podía oler a kilómetros de distancia y con sus fuertes ladridos los sacaba corriendo.

Pero el lago más grande necesitaba mayor cuidado por su gran extensión. Por ello los dioses designaron a las gigantes gemelos para custodiarlo. Cada vez que un gigante de mármol y piedra quería acercarse a tomar el agua, los gemelos encendían sus fumarolas y expulsaban truenos y fuego para asustarlos.

Los gigantes de piedra al ver a los imponentes guardianes que no les dejaban tomar más agua, decidieron huir al norte, entristecieron y empezaron a llorar, de esta manera los ríos que nacen en las montañas del centro del país regresan el agua que estos gigantes se tomaron hace mucho tiempo de los lagos.

Y fue así como el lago menor fue llamado como su guardián, Xolotlan y los gemelos de fuego continúan en el centro de aquel gran manto de agua dulce custodiándolo de los intrusos y cuidando a los animales que viven en el.


domingo, 9 de junio de 2019

Notas desde Costa Rica No 1. El paisa.

Paisa, una palabra usada con frecuencia por los costarricenses para referirse de forma despectiva al Nica que llega a trabajar honradamente al país. Al jornalero que saca de la tierra con sus laboriosas manos el alimento que luego llega a la mesa del comensal, al obrero que se parte el lomo levantando sus casas y edificios y a la empleada doméstica que muchas veces debe soportar el trabajo de esclavo que mantiene porque no tiene de otra.

Paisa. No se ustedes, pero la palabra me cae como agua fría cuando la escucho. En definitiva despectiva. Usada para tachar a alguien con "defectos" que muchas veces no tiene y que está impuesta por una actitud soberbia e inflada por el ego creciente que tuvieron nuestros vecinos unas décadas atrás. Un sentimiento de superioridad efímero sostenido por la creencia de que mientras más blancos seamos, mejores y con mas derechos contamos. Pero, ¿en qué se basa esta creencia realmente?

Antes de contestar esa pregunta contestemos otra, ¿Quién es un paisa? A la creciente ola de nicaragüenses exiliados que llegaron a Costa Rica, principalmente jóvenes universitarios y/o personas preparadas nos han confundido con venezolanos, colombianos, peruanos, chilenos o con cualquier otra nacionalidad sudamericana, al decirles que ¡somos nicaragüenses! la cara de sorpresa no es de esperar, sin mencionar el cambio de actitud.

"Pero usted no puede ser nicaragüense", me dijeron una vez, "y porqué no", le conteste, "es que usted no parece",  "ajá ¿y cómo somos los nicas?" pregunte. "Los nicas son chiquitos y morenos". Ahí la respuesta, un nicaragüense o "paisa", como algunos nos dicen, es una persona con esos rasgos; morenos, de baja estatura, que trabajan en la calle y que tiene una peculiar forma de pronunciar la jota. "Ejque ujtedej jablan jasí, con la jota", me dijo un taxista en tono burlesco, por dentro me sentí molesto, pero ante este tipo de comentarios prefiero reírme. Total, resulta que el taxista tenía raíces nicaragüenses.

Una vez acá, el nica establecido se transforma o se purga, ya sea a voluntad o por necesidad, pero ese es otro tema. Ellos también nos llaman "paisas", ya no son nicas, ahora llevan la tricolor en su automóvil o puesta en una camiseta de "la sele". Bueno, sigamos. Entonces los nicas o paisas debemos ser negritos, chaparritos, hablar con la jota y andar delantal o tener la ropa sucia como obrero recién salido de la faena. Al final eso no tiene nada de malo, lo contrario, el que trabaja lo hace por necesidad, porque es honrado y no prefiere robar.

Como el nica es asociado con estos trabajos el sentimiento de superioridad de algunos ticos es abrumador, a tal punto de evitar pasar cerca de vos, interactuar, conversar y mucho menos considerarte su igual, muchas veces me sucedió que me encontraba en una charla amena y al preguntarme mi nacionalidad y decir de donde vengo esta se acabó; caras largas, malas expresiones o silencio absoluto. Cuando pasa esto es mejor apartarse, xenofobia detectada.

En Costa Rica el 70% de los puestos laborales duros son ocupados por extranjeros, por no decir, que por nicas migrantes. El costarricense ya no labora en ese tipo de trabajos y prefiere no hacerlo. Por ello, la construcción, agricultura, lava carros y servicios domésticos son las plazas laborales disponibles para los  migrantes que llegan al país centroamericano. El nica que vino desde abril ha tenido que fajarse en estos rubros. Podes encontrarte chavalos universitarios trabajando en lo que sea, hasta vendiendo en  las calles de San José.

El nica es asociado en el vecino país del sur con el campesino, el indígena, el pobre, pero más que todo con el que no sabe nada, a tal punto de sufrir una marginación que lo obliga a cambiar de acento o hasta reemplazar su sentir nacional. La marginación es tal que he escuchado de algunos chavalos recién llegados expresiones como "a veces me da vergüenza ser nicaragüense,  nosotros no somos nada" o "no se porqué nací en Nicaragua". El abrumador bombardeo xenófobo viene hasta de formas muy sutiles, expresiones faciales y dichos, palabras o chistes.

 Y es en torno a ello que giran las burlas o expresiones de muchas personas por este lado del mundo. "Ese seguramente es un paisa. Todos los nicas son brutos", dijo una vez un conductor de bus cuando iba rumbo a la zona de Aurora, en Heredia. Al parecer el tipo era un piloto de la nasa o ingeniero superdotado, por que no se había dado cuenta que las calles en Costa Rica son como las europeas, donde solo pueden pasar carretas, después de todo esta es la Suiza del sur. Un auto se le había atravesado y pues, tenía placa tica, a como podía ser nica también era muy probable que no lo fuera. Ni modo, era domingo y el bus llegaba cada hora, tuve que aguantar el ácido.

A mi parecer, este sentimiento de superioridad viene desde los albores de La Guerra Nacional, cuando los Filibusteros al mando de William Walker pretendían conquistar Centroamérica. Caminando por el Parque Nacional de San José, me topo con un monumento que representa la victoria de Costa Rica sobre los Filibusteros. Según los guías turísticos "Costa Rica es el único país del  mundo que le ha ganado una guerra a Estados Unidos", bueno, no se que tan verídica sea esa historia, porque entre historiadores ticos y nicaragüenses no se ponen de acuerdo quién ganó la batalla de Rivas, o quién quemó el Mesón. Aunque el personaje de Juan Santamaría, que es ficticio para muchos (para mi también), desde un inicio me levantó sospechas y ganar una batalla en 15 minutos, mmm, no lo se Rick....

En resumen, el monumento en el Parque Nacional tiene a personajes masculinos y femeninos que representan a los países centroamericanos que participaron en la guerra contra las fuerzas de Walker. El que representa a Costa Rica sostiene a una mujer que casi desfallece, esta es Nicaragua. Es probable que la idea de que Nicaragua o los nicaragüenses siempre hemos dependido de Costa Rica viene desde esos tiempos, cuando toda Centroamérica venció a las fuerzas expedicionarias de la confederación sureña. El sentir de que los vecinos del norte les debemos mucho también ha alimentado la noción de que tienen derechos sobre el río San Juan, en aquellos años conocido como el desaguadero del gran lago y desde donde las tropas costarricenses frenaron el transito de los mercenarios.

Es innegable que ambos países cuentan con historias entrelazadas, así como también es innegable el sentimiento xenófobo de muchos costarricenses. Sin embargo la mano de obra que migro de Nicaragua desde hace décadas producto de las guerras y desastres naturales ayudó a levantar la economía de este país y permitió que muchos ticos dejaran de hacer trabajo duro. Si embargo, una crisis económica se avecina y es probable que muchos costarricenses empiecen a migrar hacia alguna parte donde encuentren trabajo.

lunes, 28 de enero de 2019

Nicas en Costa Rica


Con casi tres meses en el vecino país del sur y sin haber conseguido trabajo fijo me dediqué a recorrer sus calles, conocer su gente, cultura, formas de ser, comidas y costumbres. Creo que tengo la dicha de poder hacerlo, porque muchos de los que han venido por la inseguridad, amenazas o asedio no lo gozan de esa manera; la mayoría se ha tenido que fajar en las calles, vendiendo o pidiendo para subsistir, para pasar el día o para conseguir el resto para comprar comida o pagar alquiler. A pesar que se han organizado refugios para migrantes, algunos nicas consideran que no son seguros para ellos y sus familiares.

A pocos días de haber llegado a Costa Rica visité la capital. San José aún conserva sus avenidas con edificaciones altas y han asignado largas secciones para el uso peatonal, en estas zonas se pueden ver vendedores ambulantes que recuestan su mercadería sobre las aceras y calles. Cerca de esos vendedores mis familiares y yo, encontramos a una  pareja de nicaragüenses con un cartel que decía que habían huido del país por la represión e inseguridad que se vive. 

Antes de darles unas monedas platicamos con ellos para asegurarnos que de verdad fueran nicaragüenses, su acento lo confirmó, en efecto sí lo eran. Platicando en confianza nos contaron que decidieron salir del país porque en "su zona" la policía requisaba las casas casi a diario, porque cerca habían puesto un tranque. "No podíamos seguir allá porque tenemos dos niños y no era seguro para ellos, venimos aquí por lo más cerca pero aquí la cosa está difícil".

Al parecer, los albergues establecidos para migrantes nicas que cruzaron la frontera por miles no daban abasto y el permiso laboral se lo entregarían unos meses adelante. "Mejor nos venimos aquí a buscar trabajo porque no nos gustó como eran los albergues, no eran seguros, vos sabés, unos andan haciendo cosas malas" me comentó el señor, mientras la señora nos dijo que también decidieron ir a San José porque tienen "un niño y una niña, y para ellos no era bueno estar allá". "Si, los niños se exponen a muchos peligros, había ladrones y gente mala, además algunos policías nos tratan mal", nos dijeron.


Ambos habían decidido pedir en la calle porque aún no encontraban trabajo, se albergaban en un cuarto que podían costear con lo que juntaban. Luego de platicar un momento les dejamos dinero y nos retiramos. De nuevo subieron su pancarta con una pequeña bandera de Nicaragua dibujada. Después del encuentro era inevitable pensar si alguna de las personas que pedía en la avenida era nicaragüense y si seguramente ocultaban su identidad o su acento por miedo a ser identificados.

El nica con la bandera

Caminando por el parque central de Alajuela, ubicada como a 20 kilómetros de la capital San José, me encontré a otro nicaragüense, también portaba una pancarta donde explicaba su situación migratoria y hacía un pedido a los transeúntes, algo de dinero para poder comer algo. Huyó del país porque en su barrio el asedio de la policía era letal. "Vos sabés que la gente de los barrios también participó en las protestas porque nos arrechó lo que le hicieron a los estudiantes y a los viejitos y aunque no hayas estado ahí (protestas) llegan y te joden (la policía), entonces mejor me vine para acá a buscar trabajo pero tengo varios meses y no encontrado nada".

Su apariencia era bastante desmejorada, quizás enfermo y muy delgado, la ropa algo sucia y desaliñada. A pesar de ello portaba una gran bandera azul y blanco. "Aquí paso a veces pidiendo, hay gente que me da y otros me hacen mala cara, incluso ando chiva porque a veces pasa una camioneta con vidrios polarizados y se parquea frente a mí".  Me contó que cuando eso pasa decide moverse del lugar porque cree que lo andan siguiendo, por ello escoge lugares concurridos para evitar que le "pase algo". También me dijo que algunos policías lo han tratado mal, "me han dicho que por qué ando con esta bandera de Nicaragua si este no es mi país, que la guarde y no la vuelva a sacar, pero yo les digo broder, que no ando haciendo nada malo y que si ellos pasaran por la misma situación, nosotros no los tratáramos así, los trataríamos muy bien". De igual forma me dijo que otros oficiales "más bien me dan monedas y se ponen a platicar conmigo como apoyándome, no todos son mala onda".

Quesillos en San José

Doña María (seudónimo) es una señora que me encontré durante una manifestación de nicas exiliados en San José, me llamó la atención por lo que andaba vendiendo, ricos quesillos. Tenía meses de no probarlos y al darme cuenta que vendía decidí acercarme. Como muchos nicas que venden de manera ambulante en nuestro país llevaba sus tortillas y quesillos en una canastita, también la crema, cebolla picada y sal, nada faltaba. Aprovechó la oportunidad de que cientos de exiliados estaban reunidos para expresarse contra la dictadura, ella no podía faltar, no solo para vender sus productos, que por cierto, hizo muy buena venta y estaban buenos, sino también para expresarse contra el gobierno de Ortega.

Entre toda la gente destacaba con su delantal típico y el pregón inconfundible de "quesillo, quesillo", logró vender casi todo, a mil colones el quesillo con tortilla y crema. Mientras degustaba el rico plato nicaragüense mi curiosidad no pudo más y le pregunté, ¿cómo consigue quesillo?, aquí no he visto que lo vendan, "si", me contestó, "aquí no se vende quesillo, esto yo lo hago con lo que compro y salgo a vender a las calles". Me dijo que tiene más de  veinte años de vivir en Costa Rica y se ha dedicado a vender quesillo en las calles. "Pero tengo que tener cuido porque si me agarran me quitan el producto y me quedo sin nada, aquí no es como allá que se puede vender". 

Al igual que los asistentes del plantón realizado en San José, ella se siente identificada con la lucha y me dijo que antes que iniciara la crisis planeaba regresar al país, "imagínese que cuánto tengo de vivir aquí, y el mero abril, el 24 de abril tenía planeado irme para Nicaragua, con todas mis cositas en un camión, ya lo tenía preparado todo, ahora imagínese, con todo esto, ¿cómo me voy a ir?


Ante la falta de empleo y de un permiso laboral 
algunos nicaragüenses exiliados optan por pedir dinero
en las calles.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

El viaje de los elementos

Hace muchos años existió un lugar lejos de este tiempo. En ese lugar había un hermoso jardín, donde el fuego, con su ardiente figura, caminaba admirando su belleza. De repente, el viento pasó intempestivamente al lado de ella, con solo el roce de las ráfagas del viento el fuego se prendió de una manera que nunca había experimentado. A pesar de los sentimientos expresados por el fuego, el viento siguió con su camino sin reparar en ella. A lo lejos, la tierra observaba todo lo sucedido, ella estaba enamorada del viento, pero él no correspondía a su amor. Cuando el viento pasaba a su lado la tierra no encontraba manera de acercársele, porque cuando lo intentaba, el viento levantaba nubes de polvo a su alrededor causando que se asustara y al ver la tierra como el fuego miraba al viento sintió muchos celos de ella. A pesar de esto, la tierra decidió seguir al viento a donde fuera, pero siempre ocurría lo mismo, el viento nada más levantaba nubes de polvo y arena a su alrededor y la tierra veía como éste se alejaba.

En ese instante todo se puso frío y el ambiente un poco diferente, otro elemento apareció en el jardín. Se empezaron a formar pequeñas gotas que una a una calleron hacia la tierra, ambos, al encontrarse juntos se vieron mutuamente, pero no se prestaron más atención. Otro elemento, pensó la tierra, quien continuó buscando al viento. Mientras tanto, el agua emprendía su viaje de descubrimiento por aquel magnífico jardín. 

Siguiendo su camino, el agua se encontró con el fuego, su flamante figura lo dejó anonadado; de su cuerpo se alzaban flamas incandescentes que lo dejaron maravillado, este la siguió y siguió sin que ella se diera cuenta, que hermosa es, pensó. La siguió por todo el camino hasta tocar su cuerpo, provocando que una nube de vapor se levantara y la auyentara. El fuego no quería estar con el agua, si el agua la tocaba el fuego disminuía su ardor. Aunque él la deseara tanto, ella no iba a permitir que el estuviera cerca.

Luego de sus desafortunados encuentros, el fuego se encontró de nuevo con el viento, este terminaba su largo viaje y decidió descansar, el fuego se le acercó y este por fin la vio, se acercaron el uno con el otro y en ese instante su unión provocó ráfagas incandescentes que iluminaron todo el jardín, así supieron que debían estar juntos. De igual manera el agua y la tierra terminaron encontrándose de nuevo, el la vio triste, pero acarició su cuerpo con sus gotas de agua y al ver que de ese gesto la vida volvía a la tierra, el agua se convirtió en nubes que la mantenían fresca y le devolvían sus ánimos.

Pero los elementos no podían estar juntos por siempre, viendo los dioses que habían encontrado a su pareja, pero que dicha unión no podía mantenerse por siempre, decidieron dejarles reglas que debían cumplir; el agua se juntaría con la tierra para dar la vida al mundo, pero no podrían estar juntos por siempre, si no esta se ahogaría, excepto en algunos lugares, por ello el agua viajaría hasta el cielo y luego podría regresar a la tierra. En cambio, el viento se uniría con el fuego solo cuando hubiera mucho calor y cuando el agua no se encontrara entre ellos, de esta manera mantendrían en equilibrio a los hijos de este con la tierra.


miércoles, 25 de julio de 2018

Aquel 19 de abril

Eran las 6 de la mañana, del 19 de abril de 2018, me levantaba como todos los días a ayudar en los quehaceres. Mi padre salía para el trabajo mientras me preguntaba que haría hoy, como casi siempre le dije que no sabía; voy a ver que hago, le contesté, mientras en mi cabeza se repetían las imágenes de jóvenes apedreados por las turbas del gobierno y ancianos ensangrentados que fueron agredidos por protestar contra las reformas del INSS la noche anterior. El 18 de abril fue un día que despertó a muchos de su letargo. Sabía lo que quería hacer, pero no podía decirlo, entendía que mi abuela y mi padre se preocuparían y me impedirían marchar ese día, el punto de reunión sería nuevamente el portón principal de la UCA, pero si quería ir no debía decir nada, le dije a mi abuela que iría a la universidad a hacer unas tareas (a la UCC), que regresaría por la tarde. En mi mente el plan estaba armado, ir a la UCA, protestar un rato, quizás llegar a la UCC a continuar con las tareas y luego a la casa, pero al pasar el día me daría cuenta que eso sería imposible.

La idea era reunirnos con una amiga en la UCA, pero al llegar ahí no había muchas personas y mi amiga tampoco estaba, me comuniqué con ella y quedamos en que la esperaría en la parada de buses, en ese lapso de espera me comuniqué con otros amigos y familiares que no tenía ni idea que se encontraban en la protesta, la marcha y había iniciado, no en la UCA, si no en la UNI.

Algunos estudiantes de la UNAN que quisieron expresarse dentro de su recinto fueron expulsados por simpatizantes de UNEN, al pasar esto, decidieron moverse a la UNI, donde otro grupo de estudiantes inconformes con las arbitrariedades y violencia del gobierno, se preparaban para realizar un plantón. Los grupos se unieron dentro de la UNI para luego salir en una marcha hacia el recién inaugurado Estadio Nacional de beisbol. Todo empezaba y aún esperaba a mi amiga, cuando ella llegó la apresuré y nos fuimos a buscar a otro grupo de chavalos que querían participar en la marcha, algunos de universidades privadas, otros de las públicas, sin importar de donde fueran y que no nos conociéramos nos reunimos con el grupo de la UNI, ahí empezó todo.

Al llegar a las inmediaciones del Estadio Nacional Denis Martínez nos esperaba un cordón policial y no era para felicitarnos por haber salido  a marchar, luego de un plantón de unos minutos frente los cascos negros y escudos de plástico, los de adelante empezaron a forcejear para liberar el paso, el cordón de antimotines resistió la embestida del grupo y contestó con gases lacrimógenos y granadas de sonido, en ese momento hacía un video en vivo, una de esas granadas explotó cerca de mí aturdiéndome un poco, al mismo tiempo un estudiante era golpeado en su cabeza, pude grabarlo, la sangre chorreaba de su cráneo mientras otros lo auxiliaban poniéndole vendas. La brigada de antimotines avanzó y nos replegó hasta el portón de la UNI, muchos sentimos el picante en nuestros ojos, los gases surtían efecto.

A pesar de todo la marcha continuó. Cambiamos de dirección, caminamos en dirección a Metrocentro con el objetivo de continuar por la carretera a Masaya, sin embargo, otro cordón policial nos esperaba en la rotonda con la misma receta, gases lacrimógenos y esta vez, balas de goma. Retrocedimos hacia el semáforo que está entre las dos universidades que iniciaron la rebelión. Nos plantamos pidiendo a los que pasaban en sus automóviles que se unieran a la marcha, algunos llegaban con pancartas otros nos felicitaban desde sus vehículos. Pasó el tiempo y dieron las 12 del medio día. Más de un chavalo aconsejó regresar a sus casas y continuar mañana, pero la euforia lo impedía, nada nos iba a sacar de las calles, ni siquiera la furia de la Policía.

Acercándose la tarde y bajo el sol inclemente del medio día, la policía atacó de nuevo con gases y balas, se acercaban poco a poco hacia nosotros que nos manteníamos inertes, no había mucho para defenderse, sin embargo algunos tomaron piedras que encontraron y las lanzaron a los guardias. El ataque de los uniformados se intensificó al punto de dividir el grupo, la mayoría se quedó  en las afueras de la UNI, los demás nos retiramos hacia las casas de los vecinos de la universidad; en ese instante una señora quedó atrapada en el fuego cruzado, un señor se detuvo con su carro para auxiliarla y pedir a los policías que pararan el ataque, fue inútil, las balas de goma seguían silbando por nuestras cabezas, me llené de indignación como muchos y tomé mis primeras piedras, las tiré a los malditos. Pero éramos pocos, divididos un grupo corrió hacia los semáforos de ENEL central, otros nos refugiamos en casas aledañas.

Esperamos, tomamos agua que con mucha amabilidad regalaron los vecinos, otras personas nos dieron comida y cosas para protegernos, el pueblo se empezaba a unir. Algunos medios de comunicación que estuvieron durante el primer ataque habían difundido lo ocurrido, otra vez el régimen estaba reprimiendo una marcha pacífica, la indignación recorrió toda Nicaragua. En esas horas la gente empezó a llevarnos ayuda; agua, alimentos, útiles. Unos hombres en una moto le dieron a un amigo una tiradora y mahules, otros llevaron botellas de agua purificada, la señora de la venta le regaló un casco de bicicletas para protegerse de las balas de goma, un vende guayabas nos regalo algunas.

Caminamos con todo para llevarlo a los chavalos que estaban en la UNI, otros que también se habían retirado se reconcentraban. En la parada de buses interurbanos que salen a León y Granada nos reunimos y ayudamos a algunos a pasar el muro que da a la universidad, sin embargo mis amigas estaban cansadas, eran casi las 3 de la tarde, el sol y la falta de alimento empezaban a hacer efecto, me quede con ellas mientras un gran grupo de chavalos se fueron reforzaban a los protestantes con otro grupo de un barrio aledaño, los morteros se escuchaban, las piedras sonaban y raspaban la calle e impedían el avance de los uniformados.

Quería estar ahí, pero tampoco podía dejar a mis amigas solas. Por la pista pasaban patrullas para apoyar al cordón de antimotines que eran recibidas con una lluvia de piedras en medio del puente peatonal de la UCA, unas extranjeras miraban asombradas desde el bus con destino a León, nosotros titubeábamos, a que hora vinieron estas gringas, en unos meses el turismo caería estrepitosamente afectando seriamente ese sector de la economía. Los minutos pasaban e insistía en ir a apoyar, un primo y sus amigos estaban ahí, no podía dejarlos solos, cuando decidimos avanzar ellos estaban de vuelta, eso es punto muerto, me dijo, mejor retirémonos, sigamos mañana. He hicimos eso, bueno, al menos la mayoría, cada quien a su casa y yo esperaba el bus con una muchacha que recién conocí. La notaba preocupada, su novio se había quedado dentro de la UNI y en ese instante era atacada de todas las formas posibles por los antimotines.

Me dijo que si íbamos a ver; mi curiosidad y mis ganas de seguir pudieron más. Caminamos hacia la UNI y era cierto, la policía atacaba a los chavalos que habían quedado encerrados mientras la tarde caía y la noche se acercaba. Miramos a los policías usas sus armas, ella los fotografío. A lo lejos, en dirección oeste vimos un grupo de gente que se aproximaba, otro intento de marcha, delante iba un cordón de mujeres estudiantes, mi amiga encontró a un conocido y se quedó platicando con el, yo a un amigo de la universidad, nos retiramos un poco del encuentro entre la marcha y los agentes porque sabíamos lo que vendría. Y así fue, al acercarse las jóvenes al cordón policial fueron repelidas con gases y balas de goma, todas corrieron hacia la parada de buses desde donde se veía venir otra marcha, eran estudiantes de medicina, paramédicos y bomberos voluntarios, que con las manos hacia arriba en señal de paz avanzaban hacia el cordón policial para poder llegar a la UNI donde habían muchos heridos, a pesar del gesto, fueron repelidos con violencia.

No había forma de llegar, ninguna marcha pacífica pudo atravesar el cordón policial y más de algún  protestante resultó herido, nos replegaron hacia los apartamentos detrás de la UCA y así hasta el parque de la biblia, donde se encontraban buses que transportaron a la Juventud Sandinista, quienes  desde la plaza Alexis Arguello cantaban alabanzas de paz, y al mismo tiempo la policía repartía balas y golpizas a los estudiantes de la UNI y más tarde en la UPOLI. Algunos chavalos se reunieron cerca y tiraron piedras a los buses, de inmediato los choferes sacaron sus pistolas y dispararon, no se si hirieron o mataron a alguien ahí, mi amigo y yo salimos corriendo y tuvimos la oportunidad de lanzarnos a la tina de un camioncito que iba en marcha, súbanse, nos dijo el chofer, quien se detuvo unos segundos que aprovechamos para resguardarnos en la tina, creo que eso nos salvó la vida.

Nos bajamos del camioncito y agradecimos al conductor, pedí un cigarro a mi amigo y caminamos junto a otros jóvenes que buscaban su automóvil resguardado en un lugar seguro, luego de caminar unas cuadras llegamos a la casa donde parquearon los automóviles, mi amigo algo preocupado se preguntaba por una amiga que había quedado relegada en la marcha; la iré a buscar dijo, me quedé con los otros dos a esperarlo. Cerca venía pasando un heladero, una de las muchachas me invitó y comimos junto a su novio en la acera de la casa, a los pocos minutos un escuadrón de motorizados se parqueó frente a la casa y nos miraron un momento, luego no se inmutaron de nuestra presencia, se veían agotados, como apaleados por la jornada, pero empezaron a chilear y bromear entre ellos, "no jodas como agarraste a ese maje", se decían, haciendo chacota de la golpiza que le dieron a algunos universitarios. Nosotros disimulábamos y continuábamos comiendo el helado, no sabíamos que ese era el preludio de lo que se venía.

Avisamos a mi amigo del grupo de policías para que no llegara, podía ser peligroso, me fui con los otros jóvenes en su automóvil quienes me dieron raid hasta el lugar donde tomé el bus para llegar a mi casa. Ese día los jóvenes encendimos una chispa que inició en todas las universidades públicas y se propagó por toda Nicaragua.




viernes, 29 de junio de 2018



Tierra de zanates

El zanate es un ave abundante en Nicaragua. Se caracterizan por ser protectores y muy organizados. Se apoyan los unos a los otros cuando de defender la bandada se trata. En caso de que un depredador quiera devorar a sus pichones las madres acuden a protegerlos y si algún ave rapaz se acerca los machos los ahuyentan con valor y bravura, aunque sean más pequeños y no tengan garras afiladas, son fieles defensores de su grupo y sus críos, valientes luchadores color marrón y tornasol que habitan esta tierra de lagos y volcanes. 

sábado, 18 de octubre de 2014

Noche para pensar

Era una noche tormentosa,  una noche de lluvia, rayos y relámpagos, una noche como la mayoría en la semana. Después de la entrada de la onda tropical al país y el peligro latente de un segundo temblor, el miedo de muchas personas en Managua estaba presente. ¿Sería el colmo que tiemble con esta lluvia?, ¿Qué raro, es raro que tiemble cuando llueve?, ¿Qué puta tiene que ver una cosa con la otra? eran una de las tantas discusiones que se desarrollaban en la mesa durante la cena o en las mesas de tragos con los amigos, pero por supuesto, que llueva o haga mucho calor no indica que habrá un movimiento telúrico.

 Esas noches que cuando cae agua del cielo, que cae esa brisa que hace que el aire se ponga fresco, ufff que te relaja después de un día arduo de trabajo o de estudio, esas noches en las que cae un chaparrón de agua en el que decís, ¡ojalá que llueva toda la noche hasta en la madrugada para levantarme rico!,  en las que a la mañana siguiente no te querés levantar porque ya tenes caliente la cama y si te levantas, ¡brrrrrrr frío!, esas noches en las que también un montón de personas que viven en  Managua, a la hora que ven que el cielo se pone nublado empiezan a buscar como tapar los hoyos del  techo, muchas veces de cinc o de plástico, que los protege durante el día y la noche, del viento y del polvo,  que cuando empiezan a caer las primeras gotas se apresuran a buscar las pocas panas o platos que tienen, que meten al perro, si es que alcanza en la casa, o a dejarlo amarrado debajo del lavandero, o a tapar al caballo con plástico o a dejarlo a la intemperie sin ningún abrigo, sin mucha culpa al final, porque la necesidad los obliga a hacerlo. Personas que muchas veces construyen sus casas donde sea, sin importar el peligro o el aviso.

El deslave ocurrido en el barrio 18 de Mayo debería de ser una advertencia para las autoridades y también para los ciudadanos, nueve vidas apagadas por una avalancha de lodo que calló sobre su hogar, que, cuando lo ves en la tele te preguntas, ¡¿cómo puede pasar esto en Managua, es cierto que se inunda y todo, pero, un deslave en la ciudad?! Pues si pasó, el día 16 de octubre en las horas de la noche, mientras caía un chaparrón de agua sobre la ciudad un muro de contención cedió ante la fuerza del agua y el peso del fango, desparramándose sobre nueve infortunadas vidas, que por necesidad montaron su casa en ese predio para tener un lugar donde estar.

En nuestro país y  alrededor del mundo hay personas que viven donde sea, a orilla de los causes, que estas épocas parecen el caudal del Amazonas, en las faldas de cerros,  al lado del río o en laderas escarpadas. Sin duda la necesidad nos mueve a donde sea, hace que los humanos realicen labores peligrosas para su existencia, siempre y cuando supla nuestras principales necesidades, conseguir como llenar el plato al menos una vez al día y tener un techo que te cubra. La población tiene necesidades, todos las tenemos, tener un techo es una de ellas, pero debe de ser en lugares apropiados para vivir, ya que como humanos y ciudadanos  contamos con ese derecho y cada gobierno o autoridad está en la responsabilidad de escuchar esa necesidad y atenderla,  con un plan de ordenamiento, que nos indique donde se puede  y no se puede vivir, que sea en lugares dignos para sus ciudadanos, donde se pueda disfrutar de la vida y no preocuparse o lamentarse por ella.