lunes, 28 de enero de 2019

Nicas en Costa Rica


Con casi tres meses en el vecino país del sur y sin haber conseguido trabajo fijo me dediqué a recorrer sus calles, conocer su gente, cultura, formas de ser, comidas y costumbres. Creo que tengo la dicha de poder hacerlo, porque muchos de los que han venido por la inseguridad, amenazas o asedio no lo gozan de esa manera; la mayoría se ha tenido que fajar en las calles, vendiendo o pidiendo para subsistir, para pasar el día o para conseguir el resto para comprar comida o pagar alquiler. A pesar que se han organizado refugios para migrantes, algunos nicas consideran que no son seguros para ellos y sus familiares.

A pocos días de haber llegado a Costa Rica visité la capital. San José aún conserva sus avenidas con edificaciones altas y han asignado largas secciones para el uso peatonal, en estas zonas se pueden ver vendedores ambulantes que recuestan su mercadería sobre las aceras y calles. Cerca de esos vendedores mis familiares y yo, encontramos a una  pareja de nicaragüenses con un cartel que decía que habían huido del país por la represión e inseguridad que se vive. 

Antes de darles unas monedas platicamos con ellos para asegurarnos que de verdad fueran nicaragüenses, su acento lo confirmó, en efecto sí lo eran. Platicando en confianza nos contaron que decidieron salir del país porque en "su zona" la policía requisaba las casas casi a diario, porque cerca habían puesto un tranque. "No podíamos seguir allá porque tenemos dos niños y no era seguro para ellos, venimos aquí por lo más cerca pero aquí la cosa está difícil".

Al parecer, los albergues establecidos para migrantes nicas que cruzaron la frontera por miles no daban abasto y el permiso laboral se lo entregarían unos meses adelante. "Mejor nos venimos aquí a buscar trabajo porque no nos gustó como eran los albergues, no eran seguros, vos sabés, unos andan haciendo cosas malas" me comentó el señor, mientras la señora nos dijo que también decidieron ir a San José porque tienen "un niño y una niña, y para ellos no era bueno estar allá". "Si, los niños se exponen a muchos peligros, había ladrones y gente mala, además algunos policías nos tratan mal", nos dijeron.


Ambos habían decidido pedir en la calle porque aún no encontraban trabajo, se albergaban en un cuarto que podían costear con lo que juntaban. Luego de platicar un momento les dejamos dinero y nos retiramos. De nuevo subieron su pancarta con una pequeña bandera de Nicaragua dibujada. Después del encuentro era inevitable pensar si alguna de las personas que pedía en la avenida era nicaragüense y si seguramente ocultaban su identidad o su acento por miedo a ser identificados.

El nica con la bandera

Caminando por el parque central de Alajuela, ubicada como a 20 kilómetros de la capital San José, me encontré a otro nicaragüense, también portaba una pancarta donde explicaba su situación migratoria y hacía un pedido a los transeúntes, algo de dinero para poder comer algo. Huyó del país porque en su barrio el asedio de la policía era letal. "Vos sabés que la gente de los barrios también participó en las protestas porque nos arrechó lo que le hicieron a los estudiantes y a los viejitos y aunque no hayas estado ahí (protestas) llegan y te joden (la policía), entonces mejor me vine para acá a buscar trabajo pero tengo varios meses y no encontrado nada".

Su apariencia era bastante desmejorada, quizás enfermo y muy delgado, la ropa algo sucia y desaliñada. A pesar de ello portaba una gran bandera azul y blanco. "Aquí paso a veces pidiendo, hay gente que me da y otros me hacen mala cara, incluso ando chiva porque a veces pasa una camioneta con vidrios polarizados y se parquea frente a mí".  Me contó que cuando eso pasa decide moverse del lugar porque cree que lo andan siguiendo, por ello escoge lugares concurridos para evitar que le "pase algo". También me dijo que algunos policías lo han tratado mal, "me han dicho que por qué ando con esta bandera de Nicaragua si este no es mi país, que la guarde y no la vuelva a sacar, pero yo les digo broder, que no ando haciendo nada malo y que si ellos pasaran por la misma situación, nosotros no los tratáramos así, los trataríamos muy bien". De igual forma me dijo que otros oficiales "más bien me dan monedas y se ponen a platicar conmigo como apoyándome, no todos son mala onda".

Quesillos en San José

Doña María (seudónimo) es una señora que me encontré durante una manifestación de nicas exiliados en San José, me llamó la atención por lo que andaba vendiendo, ricos quesillos. Tenía meses de no probarlos y al darme cuenta que vendía decidí acercarme. Como muchos nicas que venden de manera ambulante en nuestro país llevaba sus tortillas y quesillos en una canastita, también la crema, cebolla picada y sal, nada faltaba. Aprovechó la oportunidad de que cientos de exiliados estaban reunidos para expresarse contra la dictadura, ella no podía faltar, no solo para vender sus productos, que por cierto, hizo muy buena venta y estaban buenos, sino también para expresarse contra el gobierno de Ortega.

Entre toda la gente destacaba con su delantal típico y el pregón inconfundible de "quesillo, quesillo", logró vender casi todo, a mil colones el quesillo con tortilla y crema. Mientras degustaba el rico plato nicaragüense mi curiosidad no pudo más y le pregunté, ¿cómo consigue quesillo?, aquí no he visto que lo vendan, "si", me contestó, "aquí no se vende quesillo, esto yo lo hago con lo que compro y salgo a vender a las calles". Me dijo que tiene más de  veinte años de vivir en Costa Rica y se ha dedicado a vender quesillo en las calles. "Pero tengo que tener cuido porque si me agarran me quitan el producto y me quedo sin nada, aquí no es como allá que se puede vender". 

Al igual que los asistentes del plantón realizado en San José, ella se siente identificada con la lucha y me dijo que antes que iniciara la crisis planeaba regresar al país, "imagínese que cuánto tengo de vivir aquí, y el mero abril, el 24 de abril tenía planeado irme para Nicaragua, con todas mis cositas en un camión, ya lo tenía preparado todo, ahora imagínese, con todo esto, ¿cómo me voy a ir?


Ante la falta de empleo y de un permiso laboral 
algunos nicaragüenses exiliados optan por pedir dinero
en las calles.