sábado, 18 de octubre de 2014

Noche para pensar

Era una noche tormentosa,  una noche de lluvia, rayos y relámpagos, una noche como la mayoría en la semana. Después de la entrada de la onda tropical al país y el peligro latente de un segundo temblor, el miedo de muchas personas en Managua estaba presente. ¿Sería el colmo que tiemble con esta lluvia?, ¿Qué raro, es raro que tiemble cuando llueve?, ¿Qué puta tiene que ver una cosa con la otra? eran una de las tantas discusiones que se desarrollaban en la mesa durante la cena o en las mesas de tragos con los amigos, pero por supuesto, que llueva o haga mucho calor no indica que habrá un movimiento telúrico.

 Esas noches que cuando cae agua del cielo, que cae esa brisa que hace que el aire se ponga fresco, ufff que te relaja después de un día arduo de trabajo o de estudio, esas noches en las que cae un chaparrón de agua en el que decís, ¡ojalá que llueva toda la noche hasta en la madrugada para levantarme rico!,  en las que a la mañana siguiente no te querés levantar porque ya tenes caliente la cama y si te levantas, ¡brrrrrrr frío!, esas noches en las que también un montón de personas que viven en  Managua, a la hora que ven que el cielo se pone nublado empiezan a buscar como tapar los hoyos del  techo, muchas veces de cinc o de plástico, que los protege durante el día y la noche, del viento y del polvo,  que cuando empiezan a caer las primeras gotas se apresuran a buscar las pocas panas o platos que tienen, que meten al perro, si es que alcanza en la casa, o a dejarlo amarrado debajo del lavandero, o a tapar al caballo con plástico o a dejarlo a la intemperie sin ningún abrigo, sin mucha culpa al final, porque la necesidad los obliga a hacerlo. Personas que muchas veces construyen sus casas donde sea, sin importar el peligro o el aviso.

El deslave ocurrido en el barrio 18 de Mayo debería de ser una advertencia para las autoridades y también para los ciudadanos, nueve vidas apagadas por una avalancha de lodo que calló sobre su hogar, que, cuando lo ves en la tele te preguntas, ¡¿cómo puede pasar esto en Managua, es cierto que se inunda y todo, pero, un deslave en la ciudad?! Pues si pasó, el día 16 de octubre en las horas de la noche, mientras caía un chaparrón de agua sobre la ciudad un muro de contención cedió ante la fuerza del agua y el peso del fango, desparramándose sobre nueve infortunadas vidas, que por necesidad montaron su casa en ese predio para tener un lugar donde estar.

En nuestro país y  alrededor del mundo hay personas que viven donde sea, a orilla de los causes, que estas épocas parecen el caudal del Amazonas, en las faldas de cerros,  al lado del río o en laderas escarpadas. Sin duda la necesidad nos mueve a donde sea, hace que los humanos realicen labores peligrosas para su existencia, siempre y cuando supla nuestras principales necesidades, conseguir como llenar el plato al menos una vez al día y tener un techo que te cubra. La población tiene necesidades, todos las tenemos, tener un techo es una de ellas, pero debe de ser en lugares apropiados para vivir, ya que como humanos y ciudadanos  contamos con ese derecho y cada gobierno o autoridad está en la responsabilidad de escuchar esa necesidad y atenderla,  con un plan de ordenamiento, que nos indique donde se puede  y no se puede vivir, que sea en lugares dignos para sus ciudadanos, donde se pueda disfrutar de la vida y no preocuparse o lamentarse por ella.