Paisa, una palabra usada con frecuencia por los costarricenses para referirse de forma despectiva al Nica que llega a trabajar honradamente al país. Al jornalero que saca de la tierra con sus laboriosas manos el alimento que luego llega a la mesa del comensal, al obrero que se parte el lomo levantando sus casas y edificios y a la empleada doméstica que muchas veces debe soportar el trabajo de esclavo que mantiene porque no tiene de otra.
Paisa. No se ustedes, pero la palabra me cae como agua fría cuando la escucho. En definitiva despectiva. Usada para tachar a alguien con "defectos" que muchas veces no tiene y que está impuesta por una actitud soberbia e inflada por el ego creciente que tuvieron nuestros vecinos unas décadas atrás. Un sentimiento de superioridad efímero sostenido por la creencia de que mientras más blancos seamos, mejores y con mas derechos contamos. Pero, ¿en qué se basa esta creencia realmente?
Antes de contestar esa pregunta contestemos otra, ¿Quién es un paisa? A la creciente ola de nicaragüenses exiliados que llegaron a Costa Rica, principalmente jóvenes universitarios y/o personas preparadas nos han confundido con venezolanos, colombianos, peruanos, chilenos o con cualquier otra nacionalidad sudamericana, al decirles que ¡somos nicaragüenses! la cara de sorpresa no es de esperar, sin mencionar el cambio de actitud.
"Pero usted no puede ser nicaragüense", me dijeron una vez, "y porqué no", le conteste, "es que usted no parece", "ajá ¿y cómo somos los nicas?" pregunte. "Los nicas son chiquitos y morenos". Ahí la respuesta, un nicaragüense o "paisa", como algunos nos dicen, es una persona con esos rasgos; morenos, de baja estatura, que trabajan en la calle y que tiene una peculiar forma de pronunciar la jota. "Ejque ujtedej jablan jasí, con la jota", me dijo un taxista en tono burlesco, por dentro me sentí molesto, pero ante este tipo de comentarios prefiero reírme. Total, resulta que el taxista tenía raíces nicaragüenses.
Una vez acá, el nica establecido se transforma o se purga, ya sea a voluntad o por necesidad, pero ese es otro tema. Ellos también nos llaman "paisas", ya no son nicas, ahora llevan la tricolor en su automóvil o puesta en una camiseta de "la sele". Bueno, sigamos. Entonces los nicas o paisas debemos ser negritos, chaparritos, hablar con la jota y andar delantal o tener la ropa sucia como obrero recién salido de la faena. Al final eso no tiene nada de malo, lo contrario, el que trabaja lo hace por necesidad, porque es honrado y no prefiere robar.
Como el nica es asociado con estos trabajos el sentimiento de superioridad de algunos ticos es abrumador, a tal punto de evitar pasar cerca de vos, interactuar, conversar y mucho menos considerarte su igual, muchas veces me sucedió que me encontraba en una charla amena y al preguntarme mi nacionalidad y decir de donde vengo esta se acabó; caras largas, malas expresiones o silencio absoluto. Cuando pasa esto es mejor apartarse, xenofobia detectada.
En Costa Rica el 70% de los puestos laborales duros son ocupados por extranjeros, por no decir, que por nicas migrantes. El costarricense ya no labora en ese tipo de trabajos y prefiere no hacerlo. Por ello, la construcción, agricultura, lava carros y servicios domésticos son las plazas laborales disponibles para los migrantes que llegan al país centroamericano. El nica que vino desde abril ha tenido que fajarse en estos rubros. Podes encontrarte chavalos universitarios trabajando en lo que sea, hasta vendiendo en las calles de San José.
El nica es asociado en el vecino país del sur con el campesino, el indígena, el pobre, pero más que todo con el que no sabe nada, a tal punto de sufrir una marginación que lo obliga a cambiar de acento o hasta reemplazar su sentir nacional. La marginación es tal que he escuchado de algunos chavalos recién llegados expresiones como "a veces me da vergüenza ser nicaragüense, nosotros no somos nada" o "no se porqué nací en Nicaragua". El abrumador bombardeo xenófobo viene hasta de formas muy sutiles, expresiones faciales y dichos, palabras o chistes.
Y es en torno a ello que giran las burlas o expresiones de muchas personas por este lado del mundo. "Ese seguramente es un paisa. Todos los nicas son brutos", dijo una vez un conductor de bus cuando iba rumbo a la zona de Aurora, en Heredia. Al parecer el tipo era un piloto de la nasa o ingeniero superdotado, por que no se había dado cuenta que las calles en Costa Rica son como las europeas, donde solo pueden pasar carretas, después de todo esta es la Suiza del sur. Un auto se le había atravesado y pues, tenía placa tica, a como podía ser nica también era muy probable que no lo fuera. Ni modo, era domingo y el bus llegaba cada hora, tuve que aguantar el ácido.
A mi parecer, este sentimiento de superioridad viene desde los albores de La Guerra Nacional, cuando los Filibusteros al mando de William Walker pretendían conquistar Centroamérica. Caminando por el Parque Nacional de San José, me topo con un monumento que representa la victoria de Costa Rica sobre los Filibusteros. Según los guías turísticos "Costa Rica es el único país del mundo que le ha ganado una guerra a Estados Unidos", bueno, no se que tan verídica sea esa historia, porque entre historiadores ticos y nicaragüenses no se ponen de acuerdo quién ganó la batalla de Rivas, o quién quemó el Mesón. Aunque el personaje de Juan Santamaría, que es ficticio para muchos (para mi también), desde un inicio me levantó sospechas y ganar una batalla en 15 minutos, mmm, no lo se Rick....
En resumen, el monumento en el Parque Nacional tiene a personajes masculinos y femeninos que representan a los países centroamericanos que participaron en la guerra contra las fuerzas de Walker. El que representa a Costa Rica sostiene a una mujer que casi desfallece, esta es Nicaragua. Es probable que la idea de que Nicaragua o los nicaragüenses siempre hemos dependido de Costa Rica viene desde esos tiempos, cuando toda Centroamérica venció a las fuerzas expedicionarias de la confederación sureña. El sentir de que los vecinos del norte les debemos mucho también ha alimentado la noción de que tienen derechos sobre el río San Juan, en aquellos años conocido como el desaguadero del gran lago y desde donde las tropas costarricenses frenaron el transito de los mercenarios.
Es innegable que ambos países cuentan con historias entrelazadas, así como también es innegable el sentimiento xenófobo de muchos costarricenses. Sin embargo la mano de obra que migro de Nicaragua desde hace décadas producto de las guerras y desastres naturales ayudó a levantar la economía de este país y permitió que muchos ticos dejaran de hacer trabajo duro. Si embargo, una crisis económica se avecina y es probable que muchos costarricenses empiecen a migrar hacia alguna parte donde encuentren trabajo.
domingo, 9 de junio de 2019
lunes, 28 de enero de 2019
Nicas en Costa Rica
Con casi tres meses en el vecino país del sur y sin haber conseguido trabajo fijo me dediqué a recorrer sus calles, conocer su gente, cultura, formas de ser, comidas y costumbres. Creo que tengo la dicha de poder hacerlo, porque muchos de los que han venido por la inseguridad, amenazas o asedio no lo gozan de esa manera; la mayoría se ha tenido que fajar en las calles, vendiendo o pidiendo para subsistir, para pasar el día o para conseguir el resto para comprar comida o pagar alquiler. A pesar que se han organizado refugios para migrantes, algunos nicas consideran que no son seguros para ellos y sus familiares.
A pocos días de haber llegado a Costa Rica visité la capital. San José aún conserva sus avenidas con edificaciones altas y han asignado largas secciones para el uso peatonal, en estas zonas se pueden ver vendedores ambulantes que recuestan su mercadería sobre las aceras y calles. Cerca de esos vendedores mis familiares y yo, encontramos a una pareja de nicaragüenses con un cartel que decía que habían huido del país por la represión e inseguridad que se vive.
Antes de darles unas monedas platicamos con ellos para asegurarnos que de verdad fueran nicaragüenses, su acento lo confirmó, en efecto sí lo eran. Platicando en confianza nos contaron que decidieron salir del país porque en "su zona" la policía requisaba las casas casi a diario, porque cerca habían puesto un tranque. "No podíamos seguir allá porque tenemos dos niños y no era seguro para ellos, venimos aquí por lo más cerca pero aquí la cosa está difícil".
Al parecer, los albergues establecidos para migrantes nicas que cruzaron la frontera por miles no daban abasto y el permiso laboral se lo entregarían unos meses adelante. "Mejor nos venimos aquí a buscar trabajo porque no nos gustó como eran los albergues, no eran seguros, vos sabés, unos andan haciendo cosas malas" me comentó el señor, mientras la señora nos dijo que también decidieron ir a San José porque tienen "un niño y una niña, y para ellos no era bueno estar allá". "Si, los niños se exponen a muchos peligros, había ladrones y gente mala, además algunos policías nos tratan mal", nos dijeron.
Ambos habían decidido pedir en la calle porque aún no encontraban trabajo, se albergaban en un cuarto que podían costear con lo que juntaban. Luego de platicar un momento les dejamos dinero y nos retiramos. De nuevo subieron su pancarta con una pequeña bandera de Nicaragua dibujada. Después del encuentro era inevitable pensar si alguna de las personas que pedía en la avenida era nicaragüense y si seguramente ocultaban su identidad o su acento por miedo a ser identificados.
El nica con la bandera
Caminando por el parque central de Alajuela, ubicada como a 20 kilómetros de la capital San José, me encontré a otro nicaragüense, también portaba una pancarta donde explicaba su situación migratoria y hacía un pedido a los transeúntes, algo de dinero para poder comer algo. Huyó del país porque en su barrio el asedio de la policía era letal. "Vos sabés que la gente de los barrios también participó en las protestas porque nos arrechó lo que le hicieron a los estudiantes y a los viejitos y aunque no hayas estado ahí (protestas) llegan y te joden (la policía), entonces mejor me vine para acá a buscar trabajo pero tengo varios meses y no encontrado nada".
Su apariencia era bastante desmejorada, quizás enfermo y muy delgado, la ropa algo sucia y desaliñada. A pesar de ello portaba una gran bandera azul y blanco. "Aquí paso a veces pidiendo, hay gente que me da y otros me hacen mala cara, incluso ando chiva porque a veces pasa una camioneta con vidrios polarizados y se parquea frente a mí". Me contó que cuando eso pasa decide moverse del lugar porque cree que lo andan siguiendo, por ello escoge lugares concurridos para evitar que le "pase algo". También me dijo que algunos policías lo han tratado mal, "me han dicho que por qué ando con esta bandera de Nicaragua si este no es mi país, que la guarde y no la vuelva a sacar, pero yo les digo broder, que no ando haciendo nada malo y que si ellos pasaran por la misma situación, nosotros no los tratáramos así, los trataríamos muy bien". De igual forma me dijo que otros oficiales "más bien me dan monedas y se ponen a platicar conmigo como apoyándome, no todos son mala onda".
Quesillos en San José
Doña María (seudónimo) es una señora que me encontré durante una manifestación de nicas exiliados en San José, me llamó la atención por lo que andaba vendiendo, ricos quesillos. Tenía meses de no probarlos y al darme cuenta que vendía decidí acercarme. Como muchos nicas que venden de manera ambulante en nuestro país llevaba sus tortillas y quesillos en una canastita, también la crema, cebolla picada y sal, nada faltaba. Aprovechó la oportunidad de que cientos de exiliados estaban reunidos para expresarse contra la dictadura, ella no podía faltar, no solo para vender sus productos, que por cierto, hizo muy buena venta y estaban buenos, sino también para expresarse contra el gobierno de Ortega.
Entre toda la gente destacaba con su delantal típico y el pregón inconfundible de "quesillo, quesillo", logró vender casi todo, a mil colones el quesillo con tortilla y crema. Mientras degustaba el rico plato nicaragüense mi curiosidad no pudo más y le pregunté, ¿cómo consigue quesillo?, aquí no he visto que lo vendan, "si", me contestó, "aquí no se vende quesillo, esto yo lo hago con lo que compro y salgo a vender a las calles". Me dijo que tiene más de veinte años de vivir en Costa Rica y se ha dedicado a vender quesillo en las calles. "Pero tengo que tener cuido porque si me agarran me quitan el producto y me quedo sin nada, aquí no es como allá que se puede vender".
Al igual que los asistentes del plantón realizado en San José, ella se siente identificada con la lucha y me dijo que antes que iniciara la crisis planeaba regresar al país, "imagínese que cuánto tengo de vivir aquí, y el mero abril, el 24 de abril tenía planeado irme para Nicaragua, con todas mis cositas en un camión, ya lo tenía preparado todo, ahora imagínese, con todo esto, ¿cómo me voy a ir?
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Ante la falta de empleo y de un permiso laboral
algunos nicaragüenses exiliados optan por pedir dinero
en las calles.
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