miércoles, 19 de septiembre de 2018

El viaje de los elementos

Hace muchos años existió un lugar lejos de este tiempo. En ese lugar había un hermoso jardín, donde el fuego, con su ardiente figura, caminaba admirando su belleza. De repente, el viento pasó intempestivamente al lado de ella, con solo el roce de las ráfagas del viento el fuego se prendió de una manera que nunca había experimentado. A pesar de los sentimientos expresados por el fuego, el viento siguió con su camino sin reparar en ella. A lo lejos, la tierra observaba todo lo sucedido, ella estaba enamorada del viento, pero él no correspondía a su amor. Cuando el viento pasaba a su lado la tierra no encontraba manera de acercársele, porque cuando lo intentaba, el viento levantaba nubes de polvo a su alrededor causando que se asustara y al ver la tierra como el fuego miraba al viento sintió muchos celos de ella. A pesar de esto, la tierra decidió seguir al viento a donde fuera, pero siempre ocurría lo mismo, el viento nada más levantaba nubes de polvo y arena a su alrededor y la tierra veía como éste se alejaba.

En ese instante todo se puso frío y el ambiente un poco diferente, otro elemento apareció en el jardín. Se empezaron a formar pequeñas gotas que una a una calleron hacia la tierra, ambos, al encontrarse juntos se vieron mutuamente, pero no se prestaron más atención. Otro elemento, pensó la tierra, quien continuó buscando al viento. Mientras tanto, el agua emprendía su viaje de descubrimiento por aquel magnífico jardín. 

Siguiendo su camino, el agua se encontró con el fuego, su flamante figura lo dejó anonadado; de su cuerpo se alzaban flamas incandescentes que lo dejaron maravillado, este la siguió y siguió sin que ella se diera cuenta, que hermosa es, pensó. La siguió por todo el camino hasta tocar su cuerpo, provocando que una nube de vapor se levantara y la auyentara. El fuego no quería estar con el agua, si el agua la tocaba el fuego disminuía su ardor. Aunque él la deseara tanto, ella no iba a permitir que el estuviera cerca.

Luego de sus desafortunados encuentros, el fuego se encontró de nuevo con el viento, este terminaba su largo viaje y decidió descansar, el fuego se le acercó y este por fin la vio, se acercaron el uno con el otro y en ese instante su unión provocó ráfagas incandescentes que iluminaron todo el jardín, así supieron que debían estar juntos. De igual manera el agua y la tierra terminaron encontrándose de nuevo, el la vio triste, pero acarició su cuerpo con sus gotas de agua y al ver que de ese gesto la vida volvía a la tierra, el agua se convirtió en nubes que la mantenían fresca y le devolvían sus ánimos.

Pero los elementos no podían estar juntos por siempre, viendo los dioses que habían encontrado a su pareja, pero que dicha unión no podía mantenerse por siempre, decidieron dejarles reglas que debían cumplir; el agua se juntaría con la tierra para dar la vida al mundo, pero no podrían estar juntos por siempre, si no esta se ahogaría, excepto en algunos lugares, por ello el agua viajaría hasta el cielo y luego podría regresar a la tierra. En cambio, el viento se uniría con el fuego solo cuando hubiera mucho calor y cuando el agua no se encontrara entre ellos, de esta manera mantendrían en equilibrio a los hijos de este con la tierra.


miércoles, 25 de julio de 2018

Aquel 19 de abril

Eran las 6 de la mañana, del 19 de abril de 2018, me levantaba como todos los días a ayudar en los quehaceres. Mi padre salía para el trabajo mientras me preguntaba que haría hoy, como casi siempre le dije que no sabía; voy a ver que hago, le contesté, mientras en mi cabeza se repetían las imágenes de jóvenes apedreados por las turbas del gobierno y ancianos ensangrentados que fueron agredidos por protestar contra las reformas del INSS la noche anterior. El 18 de abril fue un día que despertó a muchos de su letargo. Sabía lo que quería hacer, pero no podía decirlo, entendía que mi abuela y mi padre se preocuparían y me impedirían marchar ese día, el punto de reunión sería nuevamente el portón principal de la UCA, pero si quería ir no debía decir nada, le dije a mi abuela que iría a la universidad a hacer unas tareas (a la UCC), que regresaría por la tarde. En mi mente el plan estaba armado, ir a la UCA, protestar un rato, quizás llegar a la UCC a continuar con las tareas y luego a la casa, pero al pasar el día me daría cuenta que eso sería imposible.

La idea era reunirnos con una amiga en la UCA, pero al llegar ahí no había muchas personas y mi amiga tampoco estaba, me comuniqué con ella y quedamos en que la esperaría en la parada de buses, en ese lapso de espera me comuniqué con otros amigos y familiares que no tenía ni idea que se encontraban en la protesta, la marcha y había iniciado, no en la UCA, si no en la UNI.

Algunos estudiantes de la UNAN que quisieron expresarse dentro de su recinto fueron expulsados por simpatizantes de UNEN, al pasar esto, decidieron moverse a la UNI, donde otro grupo de estudiantes inconformes con las arbitrariedades y violencia del gobierno, se preparaban para realizar un plantón. Los grupos se unieron dentro de la UNI para luego salir en una marcha hacia el recién inaugurado Estadio Nacional de beisbol. Todo empezaba y aún esperaba a mi amiga, cuando ella llegó la apresuré y nos fuimos a buscar a otro grupo de chavalos que querían participar en la marcha, algunos de universidades privadas, otros de las públicas, sin importar de donde fueran y que no nos conociéramos nos reunimos con el grupo de la UNI, ahí empezó todo.

Al llegar a las inmediaciones del Estadio Nacional Denis Martínez nos esperaba un cordón policial y no era para felicitarnos por haber salido  a marchar, luego de un plantón de unos minutos frente los cascos negros y escudos de plástico, los de adelante empezaron a forcejear para liberar el paso, el cordón de antimotines resistió la embestida del grupo y contestó con gases lacrimógenos y granadas de sonido, en ese momento hacía un video en vivo, una de esas granadas explotó cerca de mí aturdiéndome un poco, al mismo tiempo un estudiante era golpeado en su cabeza, pude grabarlo, la sangre chorreaba de su cráneo mientras otros lo auxiliaban poniéndole vendas. La brigada de antimotines avanzó y nos replegó hasta el portón de la UNI, muchos sentimos el picante en nuestros ojos, los gases surtían efecto.

A pesar de todo la marcha continuó. Cambiamos de dirección, caminamos en dirección a Metrocentro con el objetivo de continuar por la carretera a Masaya, sin embargo, otro cordón policial nos esperaba en la rotonda con la misma receta, gases lacrimógenos y esta vez, balas de goma. Retrocedimos hacia el semáforo que está entre las dos universidades que iniciaron la rebelión. Nos plantamos pidiendo a los que pasaban en sus automóviles que se unieran a la marcha, algunos llegaban con pancartas otros nos felicitaban desde sus vehículos. Pasó el tiempo y dieron las 12 del medio día. Más de un chavalo aconsejó regresar a sus casas y continuar mañana, pero la euforia lo impedía, nada nos iba a sacar de las calles, ni siquiera la furia de la Policía.

Acercándose la tarde y bajo el sol inclemente del medio día, la policía atacó de nuevo con gases y balas, se acercaban poco a poco hacia nosotros que nos manteníamos inertes, no había mucho para defenderse, sin embargo algunos tomaron piedras que encontraron y las lanzaron a los guardias. El ataque de los uniformados se intensificó al punto de dividir el grupo, la mayoría se quedó  en las afueras de la UNI, los demás nos retiramos hacia las casas de los vecinos de la universidad; en ese instante una señora quedó atrapada en el fuego cruzado, un señor se detuvo con su carro para auxiliarla y pedir a los policías que pararan el ataque, fue inútil, las balas de goma seguían silbando por nuestras cabezas, me llené de indignación como muchos y tomé mis primeras piedras, las tiré a los malditos. Pero éramos pocos, divididos un grupo corrió hacia los semáforos de ENEL central, otros nos refugiamos en casas aledañas.

Esperamos, tomamos agua que con mucha amabilidad regalaron los vecinos, otras personas nos dieron comida y cosas para protegernos, el pueblo se empezaba a unir. Algunos medios de comunicación que estuvieron durante el primer ataque habían difundido lo ocurrido, otra vez el régimen estaba reprimiendo una marcha pacífica, la indignación recorrió toda Nicaragua. En esas horas la gente empezó a llevarnos ayuda; agua, alimentos, útiles. Unos hombres en una moto le dieron a un amigo una tiradora y mahules, otros llevaron botellas de agua purificada, la señora de la venta le regaló un casco de bicicletas para protegerse de las balas de goma, un vende guayabas nos regalo algunas.

Caminamos con todo para llevarlo a los chavalos que estaban en la UNI, otros que también se habían retirado se reconcentraban. En la parada de buses interurbanos que salen a León y Granada nos reunimos y ayudamos a algunos a pasar el muro que da a la universidad, sin embargo mis amigas estaban cansadas, eran casi las 3 de la tarde, el sol y la falta de alimento empezaban a hacer efecto, me quede con ellas mientras un gran grupo de chavalos se fueron reforzaban a los protestantes con otro grupo de un barrio aledaño, los morteros se escuchaban, las piedras sonaban y raspaban la calle e impedían el avance de los uniformados.

Quería estar ahí, pero tampoco podía dejar a mis amigas solas. Por la pista pasaban patrullas para apoyar al cordón de antimotines que eran recibidas con una lluvia de piedras en medio del puente peatonal de la UCA, unas extranjeras miraban asombradas desde el bus con destino a León, nosotros titubeábamos, a que hora vinieron estas gringas, en unos meses el turismo caería estrepitosamente afectando seriamente ese sector de la economía. Los minutos pasaban e insistía en ir a apoyar, un primo y sus amigos estaban ahí, no podía dejarlos solos, cuando decidimos avanzar ellos estaban de vuelta, eso es punto muerto, me dijo, mejor retirémonos, sigamos mañana. He hicimos eso, bueno, al menos la mayoría, cada quien a su casa y yo esperaba el bus con una muchacha que recién conocí. La notaba preocupada, su novio se había quedado dentro de la UNI y en ese instante era atacada de todas las formas posibles por los antimotines.

Me dijo que si íbamos a ver; mi curiosidad y mis ganas de seguir pudieron más. Caminamos hacia la UNI y era cierto, la policía atacaba a los chavalos que habían quedado encerrados mientras la tarde caía y la noche se acercaba. Miramos a los policías usas sus armas, ella los fotografío. A lo lejos, en dirección oeste vimos un grupo de gente que se aproximaba, otro intento de marcha, delante iba un cordón de mujeres estudiantes, mi amiga encontró a un conocido y se quedó platicando con el, yo a un amigo de la universidad, nos retiramos un poco del encuentro entre la marcha y los agentes porque sabíamos lo que vendría. Y así fue, al acercarse las jóvenes al cordón policial fueron repelidas con gases y balas de goma, todas corrieron hacia la parada de buses desde donde se veía venir otra marcha, eran estudiantes de medicina, paramédicos y bomberos voluntarios, que con las manos hacia arriba en señal de paz avanzaban hacia el cordón policial para poder llegar a la UNI donde habían muchos heridos, a pesar del gesto, fueron repelidos con violencia.

No había forma de llegar, ninguna marcha pacífica pudo atravesar el cordón policial y más de algún  protestante resultó herido, nos replegaron hacia los apartamentos detrás de la UCA y así hasta el parque de la biblia, donde se encontraban buses que transportaron a la Juventud Sandinista, quienes  desde la plaza Alexis Arguello cantaban alabanzas de paz, y al mismo tiempo la policía repartía balas y golpizas a los estudiantes de la UNI y más tarde en la UPOLI. Algunos chavalos se reunieron cerca y tiraron piedras a los buses, de inmediato los choferes sacaron sus pistolas y dispararon, no se si hirieron o mataron a alguien ahí, mi amigo y yo salimos corriendo y tuvimos la oportunidad de lanzarnos a la tina de un camioncito que iba en marcha, súbanse, nos dijo el chofer, quien se detuvo unos segundos que aprovechamos para resguardarnos en la tina, creo que eso nos salvó la vida.

Nos bajamos del camioncito y agradecimos al conductor, pedí un cigarro a mi amigo y caminamos junto a otros jóvenes que buscaban su automóvil resguardado en un lugar seguro, luego de caminar unas cuadras llegamos a la casa donde parquearon los automóviles, mi amigo algo preocupado se preguntaba por una amiga que había quedado relegada en la marcha; la iré a buscar dijo, me quedé con los otros dos a esperarlo. Cerca venía pasando un heladero, una de las muchachas me invitó y comimos junto a su novio en la acera de la casa, a los pocos minutos un escuadrón de motorizados se parqueó frente a la casa y nos miraron un momento, luego no se inmutaron de nuestra presencia, se veían agotados, como apaleados por la jornada, pero empezaron a chilear y bromear entre ellos, "no jodas como agarraste a ese maje", se decían, haciendo chacota de la golpiza que le dieron a algunos universitarios. Nosotros disimulábamos y continuábamos comiendo el helado, no sabíamos que ese era el preludio de lo que se venía.

Avisamos a mi amigo del grupo de policías para que no llegara, podía ser peligroso, me fui con los otros jóvenes en su automóvil quienes me dieron raid hasta el lugar donde tomé el bus para llegar a mi casa. Ese día los jóvenes encendimos una chispa que inició en todas las universidades públicas y se propagó por toda Nicaragua.




viernes, 29 de junio de 2018



Tierra de zanates

El zanate es un ave abundante en Nicaragua. Se caracterizan por ser protectores y muy organizados. Se apoyan los unos a los otros cuando de defender la bandada se trata. En caso de que un depredador quiera devorar a sus pichones las madres acuden a protegerlos y si algún ave rapaz se acerca los machos los ahuyentan con valor y bravura, aunque sean más pequeños y no tengan garras afiladas, son fieles defensores de su grupo y sus críos, valientes luchadores color marrón y tornasol que habitan esta tierra de lagos y volcanes.